Se conoce como nefrectomía la intervención quirúrgica que se practica a un paciente cuando es preciso extirpar parcial o totalmente el riñón.
Así pues, este tipo de cirugía puede hacerse aplicando técnica tradicional (cirugía abierta), técnica laparoscópica y más recientemente, con el uso de cirugía robótica. En este sentido, es posible realizarla para cualquiera de estos 2 métodos:
Las causas para llegar a este tipo de intervención son diversas; sin embargo, las principales son las siguientes:
Al igual que ocurre en cualquier tipo de intervención quirúrgica; es posible que exista algún riesgo de infección, sangrado o afectación de tejidos próximos al riñón durante el procedimiento.
Sin embargo, en estos pacientes el temor se centra principalmente en su evolución a mediano y largo plazo con una función renal reducida a un solo órgano o en el mejor de los casos, la fracción restante de otro.
Indiscutiblemente, el tipo de cirugía que se realice y las condiciones generales del paciente influyen en gran medida respecto a su evolución. A pesar de ello, el paciente suele recuperar su ritmo habitual luego de algún tiempo y puede retomar sin problemas sus actividades de rutina; afectando al mínimo su calidad de vida.
Sin duda, cuando se practica una extracción de riñón se debe prestar especial cuidado al órgano que no ha sido intervenido para preservarlo de la mejor manera posible.
En primer lugar, es importante realizar un chequeo periódico de la función renal que incluirá análisis de orina en laboratorio por riesgo de pérdida de proteína (proteinuria), análisis de sangre para determinar los niveles de creatinina y el monitoreo continuo de la presión arterial.
También es conveniente realizar actividad física con frecuencia, mantener en lo posible una alimentación saludable y controlar la ingesta de medicamentos orales que puedan llegar a afectarlo.
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